Opinion
El impuesto al pipí: Lo que $500 me enseñaron sobre la modernidad del SII
9 feb 2026

Ronny Gonzalez
Fundador y CPO Cenit
Este es mi tercer emprendimiento y, a estas alturas, ya me he convencido de que tengo una relación de amor y odio con el Servicio de Impuestos Internos (SII).
Y después de dar vueltas por años, lo voy a decir sin una gota de ironía: me caen bien los tíos y tías que atienden en las oficinas del SII. Genuinamente. Pucha, es que no es su culpa. La mayoría le pone empeño; pero hay que decir las cosas como son: están atrapados en la prehistoria, y nosotros con ellos.
El baño a $500
Mi historia con el emprendimiento propio no es nueva: partí el 2004 con una floristería digital; para entonces, me refugié en los consejos de una “tía contadora”. Esta vez, al fundar Cenit, decidí hacer muchos de los trámites con mínima ayuda, para aprender y entender “cuánto espacio hay aquí”. Quise vivir la experiencia completa, sin filtros.
Hace poco me tocó ir a la Oficina del SII en General del Canto, Providencia. El sistema me había rechazado tres veces seguidas una solicitud por internet, lo que los amigos contadores llaman “petición administrativa”. Sin explicaciones claras, sin decirme qué faltaba, solo un “Rechazado”, frío y digital. Típico de cuando no le “achuntas” al ítem correcto en esa lista infinita de potenciales solicitudes que tiene su sitio.
Fui, saqué número y esperé… y esperé. Hasta que la biología ganó. Pregunté dónde estaba el baño y, sorpresa: ¡en el área de atención no había!
Un señor del SII, algo ruborizado, me explicó que debía ir “al casino del piso -1”. Al entrar, le preguntó a un “mozo”, que tenía cara de poco amigo, si ahí estaba el baño — yo aún esperando que fuera parte de las “dependencias estatales”. Su respuesta, corta y lapidaria, fue: “Son 500” .
No había 500 opciones de baño. Eran 500 pesos. El mozo tomó una luca que encontró en mi billetera y me devolvió una moneda de $500. Nada más; sin boleta, en el mismo edificio del SII.
Mientras buscaba esa moneda para cumplir una necesidad básica en medio de un trámite estatal, me cayó la teja: si hoy podemos ver dónde viene el delivery de la pizza minuto a minuto, ¿por qué no podemos ver cómo se calculan nuestros impuestos o en qué paso va una solicitud de forma gráfica y simple?
Oscuridad no deseada
Si vas al único baño del -1 de la oficina de General del Canto, verás que es oscuro. Como en cualquier subterráneo. Igual de oscuro que el proceso de conseguirlo. Igual de oscuro que algunos procedimientos del pago de impuestos, que esperamos ir dilucidando.
No se trata sólo de que el SII tenga baños (que debería). Se trata de que no deberíamos tener que ir al General del Canto en primer lugar. La clave no es poner más sillas en la sala de espera. Necesitamos:
Información en tiempo real: Ver tus números tan fácil como ves tu saldo en el banco.
Menos “Rechazos” y más guía: Que el sistema te diga: “Oye, te falta el PDF de tu cédula por el reverso” en el momento, no tres días después (y cuidando tu confidencialidad).
Lenguaje en chileno: Herramientas diseñadas para emprendedores, no sólo para tributaristas.
A veces me dicen: “Pero si el sitio web del SII funciona, es referente en Latam”. Y sí, puede ser. Pero la prehistoria no es sólo el código, es la oscuridad absoluta de los procesos. Los trámites parecen hechos por y para “expertos”. Nunca te hablas en simple y, cuando intentas excavar un poco, te encuentras con una nula flexibilidad del proceso aprendido por el funcionario.
Si quieres lograr X, se hace de la manera Z. Si se te ocurre preguntar: “Oiga, ¿pero por qué Z no puede ser W?”, te lanzan la respuesta clásica: “Porque lo dice el reglamento” o “la ley N”, que es escurridizo número tanto con letras que nadie entiende.
Eso sí, casi siempre te lo dicen con un tono muy amable y tratando de ayudar. Ahí entendí que el funcionario es sólo el último eslabón de una maraña de burocracia algo gris (por no decir negra) que te obliga a depender de un “traductor” o experto para no morir en el intento.
Una confesión final
Cuando los procesos son oscuros, dependemos de la suerte o de encontrar el baño o una moneda de 500 pesos. Cuando los procesos son transparentes, recuperas lo más valioso: tu tiempo.
Cenit nace de la idea de mi socio Andrés, reflejada en esa moneda de 500 pesos y de mi frustración acumulada desde el 2004. Creemos que la relación con el SII no tiene por qué ser una película de terror. El futuro es tecnología que te guía y te explique.
Estamos partiendo. Sabemos que nos faltan muchas cosas para mejorar y que no somos perfectos, pero también sabemos que ya podemos ayudarte a que no camines a ciegas. Al final, solo quiero que otros emprendedores puedan enfocarse en vender sus flores o sus productos, y que dejen de sufrir por no entender al SII.
Para allá vamos.
Ronny
Si te resuena esta historia o tienes alguna idea de cómo mejorar esta relación con el SII, me encantaría escuchar tu feedback a hola@cenit.ai. Leemos cada correo.






